Aguardé un millón de días en la sombra.
Un montón de horas injustas.
Tanto esfuerzo por acabar la carrera...
Tantas lágrimas y sudores.
Fuera de casa y sin dinero.
Para acabar de cenicienta.
Por jefa,
la madrastra,
que me gritaba a demanda,
Raquel! Raquel!
y la pobre cenicienta,
a complacer su menester.
Pero el hada madrina apareció.
y a la madastra convirtió
en un hombre modesto.
Y de la calabaza hizo,
un local de diseño.
Del traje sucio y harapiento de cenicienta,
hizo un resplandeciente uniforme,
con broches de raso blanco,
cuello rosa,
y un gran brocado.
Pero estas cosas que pasaron,
guardaron secretos.
El calvario escondió,
aprender sabiedad,
que sirvió de ayuda más tarde,
en aquel lujoso lugar.
A veces la vida no es justa,
mas en esta injusticia está
la llave del sueño,
hecho realidad.

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