-Por qué me miras tan serio?
- Me gusta mirarte. Eres muy suave.
- Sí, lo soy.
- Despiertas en mí ganas de acariciarte. Me gustaría acurrucarme contigo. Acariciarte la cabeza hasta que te quedaras dormida en mis brazos.
- Gracias. No me ha acariciado mucha gente....
- Pues ya es hora de que te acaricien.
En unas horas, ha descubierto a la gata. Increíble. He recogido las uñas, he estirado mi lomo, y he relamido un poco. Y sin darme cuenta, ya estaba flotando entre las nubes. Gracias señor, gracias, gracias y gracias. Gracias por vivir, por no matarme, y por estos momentos y los que me queden por vivir. Gracias.
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