En una noche muy especial,
bailaba con dos aguas.
A la vez, a veces,
por separado, a otras.
Y fué tu marea,
la que me echó la ola por encima.
Yo dejé recostar mi cabeza,
y afrontamos ser una unidad.
Ahí pone que se dan abrazos,
y ahí pone que hay segundas oportunidades.
Reclamastes mi ley,
y te mostré mi realidad.
Lo que siguió después,
no se expresa con palabras.
Contra mis letras me atrapastes,
y me besastes.
Y te besé.
Y nos desnudamos deprisa,
justo para parar al mirarnos,
completamente desnudos,
y despacio,
disfrutando cada segundo
de nuestra calentura,
y sin poder apartar la vista,
y sin miedos por ningun lado.
Yo me entregué,
tú te entregastes.
Y así nos hizo el amor,
porque esa noche no follamos,
nos amamos,
y fue puro,
y fue sincero,
y fue sano,
y al fin,
un amor sano.
Las palabras surgieron en medio del frenesí,
salían solas,
y no se podían ahogar.
Te habría arrancado la ropa en la cena.
Quiero verte más veces,
quiero verte siempre,
quiero que seas mía
y de nadie más.
Cada embestida se convirtió en locura.
Estábamos locos aquella noche,
y somos locos,
felices,
y locos.
Llega un día,
que por la mañana se llora,
y por la noche se goza.
En el mismo día se cumple,
el fin y el inicio.
Del punto y aparte,
se avanza al nuevo capítulo,
y no podía ser mejor el principio,
que con un revolcón sobre mis letras,
y una revolución en mis entrañas.

No hay comentarios:
Publicar un comentario