Qué bonicos están dormiditos en sus camas. Cojo el portátil, me siento en mi cama, y desde aquí los escucho como roncan.Y esto me produce calma. Los días en que no están, lo que más más más echo de menos es escuchar sus ronquidos por la noche y saber que así todo está bien.
Si mi madre viera lo poco que duermo, el malestar que tengo por dentro... ella no estaría bien seguro. No queda otra que escondérselo.
El día, como casi siempre, ha sido durillo. Hoy no he salido a correr ni al gym porque esta mañana me he mareado en el trabajo. Qué mala suerte ser farmacéutica, he salido con un pinchazo en el dedo para controlar el azúcar, un test de orina para ver si tenía cetona, la tensión tomada y un pequeño masaje de mi jefa en el cuello que según ella lo tengo tenso y fatal de correr. Mi jefa es buena persona. Es casi como yo. Me sorprendo muchos días, en los que hablando, me doy cuenta de todas las cosas en que nos parecemos.
Últimamente como poco. Y hago bastante deporte. Moraleja.. creo que me falta magnesio, potasio, hierro y un montón de sales minerales que las expulso con el sudor y no las repongo luego. Nunca he sido una gran deportista. Toca pagar la novatada e ir aprendiendo como cuidar un cuerpo que hace deporte.
Se me cierran los ojos. Tengo ganas de soñar. Quiero soñar que vienes y vienes como a mí me gusta. Quiero fantasear con ser una dama y tú un caballero. Soñaré que me abrazas y me acurrucas y me acaricias el pelo. Soñaré que me duermo en tu pecho.
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