martes, 10 de mayo de 2016

Cuidándome, cuidándote



Tiene la capacidad de sanarme. Desde que lo conocí. Simpre tiene la palabra adecuada, el suspiro que necesito, la mano que descarga mi espalda. Él, no es pared blanca. Es letras y grafías que chocan con las mías, a sabiendas que va a salir vencido en este choque de reyes.

Él es mi mejor amigo,
él es la mano que mece la cuna,
él es el oasis en un desierto,
él es mi libro y mi diccionario,
mi forma de entender este tiempo,
él es el alegre de los dos.

El que me traería una pastilla para el dolor de cabeza estando a kilómetros de distancia. El que los andaría descalzo si hiciera falta, para verme. El que me protegió mientras lloraba desconsolada en el sofá hasta que me quedé dormida, o el que me protegía cuando me quedé tirada en el suelo y borracha.
Hace de salvavidas. Y me da rabia y me siento superimpotente cuando me doy cuenta de que yo no puedo salvar su vida. Quizás él tampoco pueda salvar la mía. Pero aún así nos queremos y nos respetamos, y sé, que cuando alguno de los dos no pueda más, por siempre estará el otro tirando.











La pared es blanca si no se pinta.
La pintura puede ser traicionera
y la pared puede escupirla

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