A veces te miro,
y a veces,
me enorgullezco.
Tu ingenio provoca mi risa,
miro y observo.
Algo por dentro viene a saludarme,
algo me satura,
algo me ensancha y me hace grande,
algo,
que se desborda de mí.
Y es que me sorprendo,
mirando a un hombre,
y que no es cualquier hombre!
sino el que va a ser mío.
Y me sorprendo!
y es que nunca dejo de hacerlo,
cada vez que voy sintiendo,
como novedad muy nueva,
un orgullo de ti.
Y yo dura de roer,
y yo,
que nunca respondo,
ni hablo de más,
ni hago ilusiones,
que me puedan desilusionar.
Yo,
que me mantengo en pie,
me haces desistir,
cada vez que te pregunto qué quieres,
y me respondes que a mí.
Mi corazón susurra a mi cabeza,
y apenas musita un "no te cierres".
Dejar atrás el pasado,
pintarme verde esperanza,
aceptar este regalo,
y olvidar todo aquello
que hizo tanto daño.
Así que vuelvo al kilómetro cero,
mis huellas,
las ha borrado el viento.
Sólo hay que alzar la vista,
para ver la orilla.
Y a ese pequeño barquito velero,
que siempre viaja contento,
y que con sus velas me saluda,
y que con orgullo,
me meto dentro.

No hay comentarios:
Publicar un comentario