martes, 22 de diciembre de 2015

Desperfectos sociales



A Juan, le dejó su mujer a sus 43 años. Se fué con otro de 50 que vivía en una caravana. Lo abandonó a él y a su hija, a la que Juan cuida y mima todos los días.
A Sergi, su mujer le puso los cuernos. Y él tragó con todo su orgullo con tal de que no lo apartaran de su bebé. Creó su particular "vie en rose" e hizo de su buen humor, su bandera.
David sufrió la crisis de los 40. Su vida dejó de tener sentido. Despertó y se percató de que ya no amaba a su mujer, y de que ya no amaba a su vida, ni siquiera se amaba a él mismo. Cogió la maleta y se fué. Tiene una hija de 10 años.
A Sergio, se le pasó el amor. Tuvo una hija a sus 21 primaveras. A su vida la marcó la prisa. Pero lo que él no sabía, es que todo lo que sube como la espuma, luego baja igual de rápido.
A Loli le abandonó su marido por la corista. No se dió cuenta de lo enamorada hasta las trancas que estaba de él, hasta que él se fué. Tiene dos hijos y hace magia con el dinero.
A mí... mi historia ya la he contado infinidad de veces.

Todos nosotros somos desperfectos sociales. Parches de la sociedad y el amor. Rotos que cuando se juntan, no hacen dos.
Pero que en una noche de cena y vino, encajan en puzzle. Y que aún llevando cada uno la vida entera a cuestas, no nos faltan ganas de brindar y reírnos de nuestras historias con sonoras carcajadas. Con los susurros de unas velas, o en los gritos de una canción.
Y viendo esta variedad de vidas, este surtido de dolor, mi corazón se estremece, y es capaz de abrazarlos con calor.

Gracias por esta noche.
Gracias por hacerme sentir menos extraña.
Gracias por dejarme pertenecer a este mundo
de desescombros y telarañas,
y que aún siendo frío como el hielo,
y oscuro como el tizón,
lo compartimos,
y le damos así la luz
y sentimos el calor.

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