jueves, 17 de agosto de 2017

Mañana ya es hoy


 Resultado de imagen de hormigas cien años de soledad


Ha aparecido otra clase de hormigas. A las pequeñas y negras que habían, se han unido otras un poco más grandes y con la cabeza roja. He matado a dos bichos tijeras que habían en el lavabo con la zapatilla. He salido un rato al balcón. Y cuando he vuelto, se estaban llevando los cadáveres colaborando juntas. A uno lo han despedazado increíblemente rápido entre todas y se lo han ido llevando. Al otro, lo han cogido al vuelo torpemente y también se lo han llevado. He esperado a ver donde se lo llevaban. Primero se han metido debajo de la báscula. Luego han salido y se han metido por detrás del marco de la puerta. Deben vivir en las paredes.
Me ha dado por pensar en el riesgo que corren para almacenar su comida. Riesgo, a que en cualquier momento las pise y acabe con todo. Supongo que la vida es así. Es lucha de unos contra otros desde los orígenes para sobrevivir. Lo tenemos grabado por algún lado en nuestro código genético común, que vete a saber tú de dónde ha salido. Casualidad. Bueno, la respuesta más simple siempre es la correcta.

Me han repugnado los vídeos. Los he visto sin querer y los he quitado a la mitad. Pienso en el mamón que los ha grabado. Había una chica semidesnuda muerta en el suelo, y se ha parado a grabarla más. Qué hijo de puta. Buscando el morbo entre la muerte. Es lo que más repugnancia me ha causado de todo esto. Y estoy rodeada de ellos. Están en todas partes. No sé por qué, pero un pensamiento ha aparecido en mi cabeza. He pensado que tú eres así también. Un vive y deja morir. Y me ha causado asco. Y repulsión. Y yo no puedo querer a alguien así. No puedo.

He pensado en mis hijos. En mí. Realmente me siento muy desprotegida. Quizás toque ponerse las pilas y buscar a un buen hombre. Llevo unos cuantos años dejándolo para mañana. Y mañana ya es hoy. Me resulta difícil discernir. Hasta que no los conoces un poco no sabes el grado de mamón que llevan dentro. Necesito a uno que no lo sea. Sólo a uno. Pero lo necesito. Y la necesidad obliga. Cómo obliga a las hormigas a exponerse a la sombra de mis pies.

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