martes, 16 de agosto de 2016

Fe



Hoy he comido viendo la tele. Ya hace días que la pongo. En casa, vuleve a sonar el ruido de fondo. Aunque hoy, sólo tengo ese ruido. Cómo echo de menos a mis pequeños. Me dan ganas de llorar de verme así, y me siento vacía. Me acuerdo de mi ex. Pienso en si tomé la decisión correcta. Pero que más da ya. Lo hecho, hecho está, y a lo hecho, pecho.
Tenía que haber ido al gym, pero no tengo ganas de nada. El día se está poniendo gris. Y yo también. Serán las hormonas, pienso, que me juegan malas pasadas. Que todos los días no pueden ser de rosa, ya lo sé. Que la felicidad es breve y pasajera, eso, también lo sé. Y sin embargo echo mucho de menos un abrazo, unos mimos, unos arrumacos, unas caricias. Me gusta tanto la palma de tus manos.
Es duro para una mujer estar sola. Y no porque no sepa o no sea independiente. Es por naturaleza, por instinto del macho protector. Hoy, me apetece sentirme protegida, rodada de dos brazos y ser sensible ahí, sin miedo. Y estoy convencida de que va a llegar el día. Estoy luchando mucho. Y no sé si ya es por orgullo o por cabezonería o por fe. Pero no hay manera de que me rinda.

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