
Cuando se sienta delante mío, me mira. Hago otras cosas, pero cuando me fijo, está mirándome. No sabría como definir su expresión. Mira como con asombro, con los ojos abiertos, como sorprendido. Y lo hace cuando no me doy cuenta, aunque a veces, lo pillo.
Es increíble el cariño que me da apenas sin conocerme. Cuando estoy dormida me coge la mano, me la besa, y se la pone cerca de su pecho. Cuando se pone encima mío, no quiere salir de allí, y yo tampoco quiero que salga. Y así nos mantenemos indefinidamente, hasta que no aguantamos más.
Es increíble como me cuida, como está pendiente de mí en cada momento, como le parezco que valgo muchísimo, y como me dice cada día que quiere verme. "He estado todo este tiempo sin tí, aguantaré unos días más", se resigna.
Quiere que cante, que toque con él, que nos inventemos historias, que vayamos a ver el pueblo más bonito de Catalunya, que nos atrincheremos en los conciertos... y yo... yo... sólo quiero decirle que cuando me abraza, rodea todo mi mundo, y que de un apretón contra su pecho, une todas mis partes rotas.
En un día, puede cambiar la vida. A veces, en sólo un segundo.
Tengo ganas de verle también, tengo que decírselo. Aunque seguro que él, ya lo sabe.
No hay comentarios:
Publicar un comentario