martes, 8 de noviembre de 2016

Un millón de soles



Anoche soñé. Soñé mucho. Soñé con un hospital. Soñé que estaba enferma, en una cama de una habitación de 7 o 8 personas más. Me veía a mí misma acostada, enganchada al suero. Ví a la figura de un hombre, el doctor supuse, por la bata blanca que llevaba. Se acercaba hacia mí, me tomaba las constantes, me acariciaba el pelo con ternura, me daba un beso en la frente y se marchaba a ver a los otros enfermos.
Soñé, joder si soñé. Soñé que me cuidaba. Cada día que estuve en el hospital. Me abrazaba y me besaba con un cariño tan grande que llenaba toda mi alma enferma. Pronto empecé a recuperarme y sentirme mejor. Cambié de estancia a otra más luminosa. Mi familia venía a verme. Todos estaban contentos de mi progreso. Felicitaban al médico. Y él, sonriente, les daba la mano a todos y aceptaba los elogios. Sin embargo no me perdía de vista, y en cuanto el tumulto se despistaba, me abrazaba por detrás, por la espalda. Y el calor que desprendía aún me llenaba más, si cabe, de vida.
El día del alta, estaba tan feliz y contenta... El corazón lo tenía llenito. El alma, entera. Nos despedimos con complicidad y con efusivos abrazos y besos. Ya desde la calle, veía como me saludaba desde el cristal de la ventana de la habitación, acompañado de su equipo. Y yo sonreía. Sonreía mucho. Estaba segura, tenía la certeza, que lo iba a volver a ver. Tan convencida, que mi corazón reía, y resplandecía, un millón de soles!! y me iba por la calle soleada tan feliz acompañada por mi familia, que vinieron a recogerme del hospital.
Me he despertado tan tierna... Pero no sólo eso. Me he levantado con fe. Vuelvo a confiar.  Quizás no sea nada para mucha gente. Quizás todo el mundo no me merezca. Pero estoy convencida que para alguien seré el mundo. Lo he conocido, lo he visto. Debo tener paciencia y ya está. Vendrá, porque hasta del infierno, vendría a rescatarme.

Doctor... me gustaría que fuera doctor.

No hay comentarios:

Publicar un comentario