Después de un par de días,
de noche en negro,
anoche,
soñé que me querías.
Y que me querías de verdad,
y que me querías entera.
Soñé con tu cara,
sonriente,
y con tus ojos,
brillantes.
Soñé que era feliz,
soñé con ser dichosa.
Y soñé y soñé...
últimamente sólo sueño.
Pero la realidad es la que manda,
y su verdad,
es la que me convierte en agua.
Y sé,
que aún es pronto,
y sé,
que no explotaron sentimientos,
y sé,
que nos quedaron muchas cosas por sentir,
y que a mí,
me habría encantado sentirlas todas,
todas, todas, y todas
pero contigo.
Lo nuestro,
no fue un amor ciego,
ni un romance desesperado.
Fue un amor desencajado,
de idas y venidas,
de ahora no te hablo,
y de ahora te abrazo,
de compartir silencios,
de no dejar nada claro.
Y de mentir,
y de dar otra oportunidad.
De besar tus labios,
y fotografiar los anhelos.
Perfección imaginada.
Este mar, tiene medusas,
y este cielo, se nubla.
Ahora toca pagar,
por confundir la ficción,
con esta puta realidad.
No me valistes la vida al final,
ni quisistes valerla tampoco.
Y lo que me apena
es que aún así,
me hubiera gustado contarte,
que anoche soñé contigo,
y que soñé,
y que soñé que me querías.

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